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Home Kit 1 Capítulo II La silueta
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LA SILUETA

Finalidad: Fomentar el conocimiento, la integración, la confianza de los participantes. Poder ver a los otros desde la expresión de sus ideas, sentimientos y acciones. Promover la toma de conciencia de las diferencias y facilitar su puesta en palabras. Identificar mejor desde el rol de facilitador el tipo de grupo con que se está trabajando.
Tiempo estimado:
Una hora.
Materiales:
Fotocopias con la imagen a trabajar, un lápiz por persona y pizarra o papelógrafo. Puede haber música suave de fondo.

Propuesta de desarrollo:

a) Entregar a cada uno una fotocopia con una imagen humana que completará de acuerdo con la siguiente consigna:

Escribe en la imagen a la altura de la cabeza dos ideas de las que estés convencido. A la altura del corazón, dos sentimientos que te acompañen. En las manos, dos acciones que consideres buenas. En los pies, dos metidas de pata (acciones que consideres malas).

b) A continuación, los integrantes se juntan en parejas y se les propone la siguiente consigna:

Intercambia con tu compañero las imágenes para poder hacer preguntas y comentarios sobre lo que escribieron.

c) Promover otros intercambios —cuatro, cinco, seis—, según la cantidad de participantes. En el último intercambio, invitar a buscar coincidencias en ideas, acciones, sentimientos y metidas de pata.

También pedir que se hagan explícitas las diferencias.

d) Colectivizar la información y ordenar en la pizarra o en un papelógrafo coincidencias y diferencias. El facilitador, al sintetizar, procurará cuestionar y poner en duda si los sentimientos expresados son tales o si las metidas de pata lo son realmente. Introducirá también, al cerrar la dinámica, algunas preguntas que induzcan a reflexionar sobre qué les aportó la dinámica: si les permitió descubrir algo nuevo sobre sí mismos o sobre los otros, o si contribuyó a que se relacionen mejor.

Otras posibilidades:

• La imagen puede ser realizada dibujando, por ejemplo, un fosforito.

• Las temáticas pueden ser restringidas a qué piensan, sienten y hacen en torno a temas puntuales. A modo de ejemplo: su tiempo libre, la sexualidad, su familia, el barrio o su centro de estudio.

• En el segundo paso, otra variante sería conformar, en lugar de parejas, subgrupos de tres, cuatro o más integrantes que intercambien comentarios. En una segunda vuelta se conformarían nuevos subgrupos sin repetir integrantes.

• Otra opción es que en el segundo paso se formen dos subgrupos que se dispongan en dos círculos concéntricos. Las parejas quedan enfrentadas. Se intercambian las imágenes y las comentan, y luego cada uno recupera la suya. Los integrantes del círculo interior no se mueven y los del exterior se desplazan un lugar a su derecha. Al encontrarse frente a un nuevo compañero, intercambian otra vez imágenes y comentarios.

• En aquellos grupos con dificultades para la escritura, o que demuestran niveles de rechazo, es conveniente la modalidad de parejas con algunas variantes: que registren y respondan mentalmente la primera consigna y luego comenten con el compañero lo que han pensado, paso a paso, siguiendo el orden de la figura (a la altura de la cabeza, luego del corazón, etcétera). Quizás pedirles una sola idea, un solo sentimiento, en lugar de dos, sea suficiente.

• En grupos inhibidos, temerosos, los adolescentes intercambian imágenes sin preguntas. Es necesario que el facilitador los anime a preguntar y, en caso de poco éxito, formule él mismo alguna pregunta con el fin de romper el hielo.

> En toda dinámica el facilitador debe estar abierto a reflexionar sobre cuáles son los elementos que resultan más interesantes y partir de ellos para comenzar a profundizar. Por ejemplo, en esta actividad suelen interesar las “metidas de pata”. Si bien los sentimientos son elementos que a todos movilizan e impactan, cuesta ponerlos en palabras para compartirlos. Apuntar a ello puede ser el siguiente paso.

> Si hay quienes tienden a acaparar la palabra o alguno es rechazado y no interviene, habrá que tomar medidas para promover la intervención naturalmente, no de forma forzada.

> A veces el facilitador puede percibir que los jugadores están en desacuerdo con la propuesta y actúan como si estuvieran cumpliendo una obligación. Cambiar el rumbo, permitir que expliciten su desacuerdo es fundamental. Ya se ha dicho que jugar obligado no es jugar.

> El facilitador debe también estar atento para detectar si en algún momento hubo en la dinámica un quiebre, un cambio de actividad y/o ritmo. Qué hacer al respecto forma parte de la sensibilidad, el sentido común y la habilidad de quien cumple ese rol, porque quizás ese quiebre era necesario y beneficioso para los resultados buscados.